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January 17 EN CONTRA DE LA IZQUIERDA OFICIALEn contra de la “izquierda” oficial.
Los términos del lenguaje, y más específicamente, los del lenguaje político, acaban siendo una moneda que se desgasta con la circulación, pierden su valor original y, mucho peor aún, acaban en manos perversas y resultan objeto de tergiversación o monopolio. No se puede dudar de cuán rentable resulta para algunos el confusionismo y el monopolio de los términos. Hace ya mucho que los términos “comunismo” o “socialismo” en manos de la socialdemocracia o del estalinismo dejaron de presentar un significado palpable, reconocible. Otro tanto se podría decir de muchos vocablos, como “libertad”, “democracia”, “revolución”: en la más pura línea orwelliana han pasado, en una o dos generaciones, a significar algo muy alejado de su sentido original. Justamente lo que desea el fabricante de discursos, esto es, el detentador de Poder.
En el mundo occidental, y más en concreto en el estado español, la palabra “izquierda”, a raíz de tanto desgaste, manipulación y deterioro del lenguaje, consta entre las más difusas y extravagantes si nos atenemos a su uso real, y peor aún, al sujeto que las emplea. Es mucho más que un sarcasmo que el PSOE, el partido masivamente votado en varias convocatorias de “democracia formal” tras la muerte de Franco, y con el historial de llevar a cabo apenas una mera oposición testimonial al General en la época de la clandestinidad, se arrogue de forma reiterada su condición de formación de “izquierdas”. Los que tienen edad, memoria, o una combinación informada de ambas cosas, nunca olvidarán que fueron estas siglas las que traicionaron la esperanza del “Cambio”. Tras una campaña de terrorismo mediático el estado ingresó en la OTAN, una organización tradicionalmente vinculada a los ideales de la izquierda más progresista ¿verdad? Además, en la más pura línea de los ideales ilustrados, estos socialistas o socialdemócratas, hicieron gala de la existencia y un uso feliz de los “fondos reservados” para la guerra sucia (en otros países, se denominan los “escuadrones de la muerte”, los “paramilitares”, etc.), con secuestros, corrupción y crímenes de estado incluidos. En fin, puede admitirse que a la izquierda del abanico de las opciones ideológicas posibles, exista un espacio para siglas abiertamente socialdemócratas que, de un modo u otro deseen hacer sus componendas con el Capital, sin entregarse por ello a un desmantelamiento profundo del estado del bienestar y de la economía social. Tal opción existe en todo el mundo, desde hace mucho, y en el juego parlamentario-electoral puede tomarse en cuenta seriamente como izquierda, con todas sus inconsecuencias y fracasos históricos, pero izquierda al fin y al cabo. Lo peculiar del estado español es que esta “socialdemocracia” del PSOE no fue ya una componenda esperable con el Capital, o un rendirse a las claras con respecto a sus dictados más implacables. Es que el “desencanto” que Felipe González, Guerra y todos sus secuaces consistió en hacer componendas también con otros poderes fácticos típicos de España que, junto al Capital, vigilaron férreamente la transición y bajo la amenaza constante del ruido de sables exigieron su cuota de poder postfranquista, como fuera la Iglesia, el Ejército, la Monarquía. Todos aquellos años felipistas, como éstos de ahora, zapateristas, son años de desperdicio y vergüenza para una verdadera izquierda. El PSOE histórico ya contaba, antes de la guerra, con el dudoso honor de haber pactado con el dictador Primo de Rivera para cargarse a la competencia obrera, anarquistas y comunistas. Su ambivalente posicionamiento con respecto a la ideología marxista y revolucionaria estuvieron en la base de la desunión obrera y republicana ante el avance del fascismo en la Revolución Asturiana y en la Guerra Civil. Ni siquiera pudo demostrar una ideología coherentemente socialdemócrata, esto es, fundada al menos en parte en el marxismo, por más que se renunciara abiertamente a la revolución y a la concepción de la historia de lucha de clases. Cuando Felipe dijo aquello de “hay que ser socialistas antes que marxistas”, me pregunto cuántos militantes y votantes pensaron en el alcance de semejante necedad. ¿De qué socialismo hablaba el “Dios” o el “One”? Pues hasta la socialdemocracia de veras, lejos de la vía revolucionaria, está obligada a reclamarse del marxismo a la hora de ir aboliendo lenta y gradualmente la división de la sociedad sin clases. No, el “Dios” tampoco pensaría en el socialismo utópico, en algún experimento premarxista. En su mente tenía, en aquel famoso discurso, poco más que la intención de abusar de la terminología y de la simpatía obrera por ciertas consignas y valores, con el fin exclusivo de llegar al poder. Su socialismo fue el de sus ministros de Economía, como los inefables Boyer, Solchaga, Solbes. Su socialismo fue neoliberalismo que transformó las potencialidades industriales del estado español en una inmensa playa turística, conectada por AVE y enladrillada hasta el pie de ola. Su socialismo fue el del “pelotazo”, de tipo financiero para sus descamisados con ansia de riqueza y despachos, y también el pelotazo de goma que la policía antidisturbios enviaba al obrero que defendía su puesto de trabajo. Estas siglas mandan de nuevo. Son “izquierda” ¿verdad? Es muy fácil dárselas de izquierdista en un estado, como el de España, en el que una derecha cavernícola no encuentra su propia “reconversión” con respecto a sus orígenes (franquismo sociológico, Opus Dei, jesuitismo, golpismo). Es fácil presentarse como izquierda valedora de las esencias centralistas frente a otras izquierdas nacionalistas que, según coyunturas oportunistas, serán aliados y gente “de progreso” o bien peligrosos separatistas e insolidarios. Todo dependerá del momento. Estos santones del progreso y de la izquierda “moderada” tienen comprada incluso a su versión radical. Radical en cuanto a las formas que no en cuanto a contenidos reales. Nos referimos a una Izquierda Unida que, tras disfrazar vergonzantemente su raíz comunista y sus siglas históricas (PCE), con todo el lastre moscovita y estalinista que hubieren de arrostrar, no ha conocido otra reconversión que la de calcar los idearios “socialdemócratas” y “progresistas” de sus ahora hermanos mayores, el PSOE. El llamado “voto útil” les evita, porque destinar a IU un voto era y es, a ojos de muchos, como desperdiciar la verdadera oportunidad de engrosar la máquina de un PSOE que les tienen fagocitados ideológicamente desde hace décadas. Un poco de retórica “revolucionaria”, “ecologista”, “pacifista”, “feminista”, etc. , ya no asusta a casi nadie, porque todo el mundo sabe que estos “comunistas”, una vez en el poder por vía electoral respetarían la sacrosanta ley del Capital, la ley del Imperio Yanqui, así como los compromisos sagrados con la UE y de la OTAN. Y en cuanto a renegociar con el Vaticano para hacer del estado español una república laica, y con soberanía íntegra, tampoco parece muy claro que haya voluntad decidida en este terreno. IU es la versión retórica de una socialdemocracia pro-capitalista y pro-sistema, que ansía escaños antes que transformaciones reales, y siempre está dispuesta a vender baratos sus votos al hermano mayor cuando éste se los pide. IU viene a ser una corriente interna del propio PSOE: no sé por qué no hacen caso a Carrillo, ese supuesto apóstata del estalinismo (y sólo manifiesta apostasía quien tuvo una vez fe). Que desembarquen todos los submarinos en la costa continental. En ese gran monopolio de los valores de la “izquierda”, el PSOE, donde habrá suculentos cargos a repartir. La lucha política es siempre, cuando menos, una lucha terminológica. Ocupar un espacio en el terreno del discurso, evitar que otros lo usurpen, etc. Las sociedades occidentales, salvo colectivos desconectados entre sí y frustrados por motivos diversos (v.gr. las minorías) son totalidades que se van adaptando al sistema general de integración que el capitalismo monopolista y transnacional ha ido creando para ellas. Intégrate o muérete. La inexistencia –salvo testimonial- de una izquierda real, contestataria o revolucionaria es el paso seguro hacia el autoritarismo puro y duro. El sistema de integración creado por el Capital, y que se vale espléndidamente del estado y de sus mecanismos formales de democracia, sitúa a cada individuo y colectivo en una serie de posiciones restringidas, en las cuales los márgenes de maniobra aparecen recortados y preestablecidos. Así, en el mercado de las ideas, los valores y las actitudes, sólo hay dos o tres elecciones “legítimas”, como ocurre ya con el mercado de los votos, y fuera de ellas reina una terrible e insoportable oscuridad. El monopolio del discurso de esta “izquierda” pro-capitalisa, pro-clerical, pro-yanqui que en el fondo ejercen PSOE-IU está representando una estigmatización de todos aquellos otros discursos, términos y valores de una izquierda que, no hace tanto, pretendía transformar la sociedad, poner coto al Capital, al Imperio, etc. La máxima integración entre la izquierda oficial y las grandes burocracias sindicales es la que les permite disfrutar de un poder omnímodo y de un conocimiento exhaustivo de todos los resortes del estado, sintiendo al propio estado como suyo, con lo cual este tipo de poder se perpetúa, se vuelve inercial, o eterno y, en un límite no muy lejano, claramente fascista. http://carlosxblanco.blogia.com/ |
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